El plan a gran escala de China que se oculta detrás del hackeo a Microsoft

El plan a gran escala de China que se oculta detrás del hackeo a Microsoft

El océano de datos es mucho más rico cuando se pone en contexto con los otros ataques que habrían contado con el respaldo de Beijing: un hackeo a la Oficina de Administración de Personal (con 21,5 millones de registros de antecedentes); otro a la aseguradora Anthem (78 millones de fichas con nombres, fechas de nacimiento y números del seguro social); el enorme ataque a la agencia Equifax (información crediticia de casi 150 millones de estadounidenses); y una filtración a la base de datos de la cadena hotelera Marriott’s Starwood (500 millones de registros con reservas, tarjetas de crédito y pasaportes, entre otros datos de viajes).

Si nos fijamos, sólo hay que ver la intrusión a Equifax, que considero uno de los mayores éxitos de contrainteligencia del Partido Comunista Chino, tienen todos los datos financieros de cada adulto estadounidense”, destacó William Evanina, ex director del Centro Nacional de Contrainteligencia y Seguridad. “Los chinos tienen más datos que nosotros mismos”, añadió.

Funcionarios de inteligencia consultados por NPR calculan que China tiene información personal identificable sobre cerca del 80% de estadounidenses y ya tienen algunos datos iniciales sobre el 20% restante. El desafío que sigue para Beijing es entrelazar esa montaña de fichas. Pero ya habrían avanzado en eso: se cree que para el ataque a Exchange usaron una base de datos que incluía correos electrónicos de administradores de servidores elegidos con mucha precisión.

En 2017, el Partido Comunista Chino había hecho explícito que desarrollar la inteligencia artificial sería una de sus prioridades, en una competencia abierta con otras potencias, a través de dos vías: desarrollo de capital humano y acumulación de información para que sea procesada por sus algoritmos (el “aprendizaje”). En esa carrera, China parece estar tomando la delantera. Según reporta NPR, es el país con más artículos científicos publicados sobre el tema, cuenta con más de mil empresas dedicadas a la inteligencia artificial y sus universidades proveen cada vez más graduados del área.

Nadie duda del creciente rol de estas tecnologías en la vida diaria: no se trata solo de que una red social identifique nuestros rostros y los etiquete en las fotos, o que una tienda nos sugiera productos que podrían interesarnos. Bancos están decidiendo sus tasas de préstamos en función a un algoritmo, sin siquiera una entrevista, autoridades policiales usan los sistemas para buscar sospechosos, muchas veces sin tener en cuenta los sesgos que conllevan estos sistemas.

La pregunta, entonces, es qué puede hacer un actor estatal que consigue alimentar su sofisticado programa con miles de millones de datos no solo de su población, sino de los ciudadanos del rival. Kiersten Todt advirtió a NPR: “A medida que construye su Inteligencia Artificial, China puede hacer ingeniería social según sus prioridades, según su misión. Y esa misión puede ser diferente a la nuestra”.

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