Bares y discotecas en Ecuador, golpeadas por la pandemia, ahora funcionan como restobares; algunos logran ingresos solo para el arriendo

Bares y discotecas en Ecuador, golpeadas por la pandemia, ahora funcionan como restobares; algunos logran ingresos solo para el arriendo

Pensativos y desesperados. Así se encuentran los dueños de bares y discotecas que se vieron obligados a transformar sus negocios, golpeados por la pandemia COVID-19.

La mayoría funciona como restobar, una mezcla de restaurante y bar donde ofrecen almuerzos, meriendas y piqueos acompañados de bebidas alcohólicas. Y otros realizan además eventos sociales con el aforo permitido del 50 %.

Han tenido que realizar adquisiciones de mesas, sillas, hornos y demás utensilios. Y en ciertos casos hasta transformarse en cocineros.

Daniel León, gerente y dueño del Grupo Shot Me, un conjunto de seis bares y discotecas en Quito, cuenta que como restobar no llegan a la mitad de lo que facturaban en 2019. Ahora perciben ingresos del 20 % o 25 %, porcentaje que tampoco cubre la inversión por adecuaciones de los locales para transformarlos en restobar, dice León.

“Con esto de la pandemia tuvimos que cerrar por varios meses hasta hacer una inversión. Tratamos de hacer un delivery y no nos funcionó en todos los locales… fue terrible el golpe económico”, apunta.

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León afirma que la inestable reapertura de los locales debido a las restricciones de horarios tampoco los ayudó y más bien les generó gastos.

El dueño de las seis sucursales cada día cruza los dedos para que llegue clientela y pueda cubrir los arriendos y la nómina, que pasó de 70 trabajadores a 14.

Dice sentirse angustiado porque no ve una mejora en el sector. Pide mayor comprensión a las autoridades y realizar un control ordenado para ya no seguir trabajando a pérdida.

Y este es el mismo clamor de otros propietarios de bares y discotecas que ya no quieren esperar más a su turno de reactivación. Afirman que funcionar como restobar no genera los ingresos necesarios. Pero tampoco quieren ser parte de los establecimientos que cerraron.

Solo en Guayaquil 150 cerraron sus puertas desde que empezó la pandemia. Y el 70 %, esto es, 350 se encuentran activos bajo la figura de restobar, según Xavier Narváez, director de Justicia y Vigilancia del Municipio de Guayaquil.

Grupo Shot Me es un conjunto de seis bares y discotecas en Quito, que ahora funcionan como restobares. Foto: Cortesía.

Narváez espera que estos negocios puedan funcionar como antes a medida que el plan de vacunación avance en la ciudad y en el país.

Una perspectiva sectorial tiene Ernesto Vásquez, presidente de los Centros Nocturnos del Guayas. Dice que en Guayaquil hay un 75 % de negocios que cambiaron a restobar y otros que se mantienen en su línea original esperando la reactivación.

Además, que en el norte, sureste y suroeste el 30 % cerró y un 20 % labora como restobar.

Nicolás Vasco, dueño de la discoteca H2O en la zona rosa, fue uno de los primeros en transformarse en restobar en el centro de Guayaquil. Dice que vendió televisores y otros artefactos para comprar hornos, sillas y mesas para reabrir.

Tenía ocho trabajadores y ahora solo lo acompañan dos. Además de ser el propietario, también es mesero y ayuda en la cocina, incluso su esposa e hija se han concentrado en esas actividades.

“Yo no genero ni el 20 % de lo que facturaba como discoteca… Yo espero que en octubre ya puedan funcionar las discotecas. El sector turístico de Guayaquil está arruinado”, menciona.

En la discoteca ahora restobar H2O vende almuerzos y por las tardes meriendas, piqueos y bebidas alcohólicas. Funciona hasta las 24:00 o 01:00 con el 50 % del aforo permitido, esto es, 60 personas, aunque asegura que llegan menos.

“Si a nosotros nos permiten trabajar va a haber menos (lugares) clandestinos, la gente busca esos clandestinos porque no tiene dónde desestresarse…)”, dice y agrega que llevando un orden, compromiso y responsabilidad de cada dueño de negocio es posible cumplir con el aforo en discotecas.

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En tanto, hay otros negocios que aprovecharon los conocimientos y habilidades de cada integrante de la familia para subsistir.

Jorge Arcentales, dueño de Ohlalá Music Bar, también lo transformó en restobar donde realiza eventos sociales con aforo del 50 %. Ha instalado sillas, mesas y arreglos.

Este negocio tiene ocho años en El Empalme y reabrió en octubre de 2020 para vender comida, pero cerró meses después.

Sin embargo, a finales de julio de 2021, ya todos vacunados, lo reactivaron como Ohlalá Rooftop.

Según Arcentales, los ingresos de Ohlalá Rooftop no son suficientes y por eso crearon dos emprendimientos: Ohlalá gráfico de venta de letreros, gigantografías y Ohlalá Balloons de detalles personalizados. Con estos han logrado un poco más de estabilidad.

“Tenemos ocho años con la discoteca y por la pandemia estuvimos alejados año y medio. Pero nos proyectamos e hicimos unas adecuaciones para hacer restobar”, dice Arcentales, quien espera volver al negocio original, sin descuidar las nuevas marcas. (I)

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