Barcelona ya no es una zona de confort: Messi se siente visitante en su propia casa y escuchará las ofertas para irse del club

Barcelona ya no es una zona de confort: Messi se siente visitante en su propia casa y escuchará las ofertas para irse del club

Messi por primera vez se siente visitante en Barcelona. Desgastado. A veces maltratado. Hasta preso –por momentos– de una persecución. Esa palabra le volvió a la cabeza cuando espió a la gente de Hacienda apenas aterrizó con su avión privado. Ser el mejor jugador de la historia del club generó que en algunas situaciones fuera hasta sobreprotegido. Se reaccionaba ante cada crítica en un partido como si representara una traición. Ese escenario cambió desde que disparó el famoso burofax y exigió irse. El disgusto se nota en la cara de Leo. Messi hoy sonríe mucho más en la Argentina que en España. Ahora su lazo afectivo con el nuevo grupo de la Selección es más fuerte que con el equipo de Koeman. Acá disfruta y gana. Allá se siente un poco solo y pierde el clásico con el Madrid. Su fastidio se potenció al llegar después de un largo viaje desde Perú hasta El Prat y encontrarse con un operativo que no le gustó nada. “Hacen ese show porque quieren ser famosos. Y ya es la segunda vez”, cuenta alguien que conoce bien el humor de Messi. Aunque el final de la película no es el fastidio público que fue tapa de los diarios locales. El nuevo capítulo es su decisión de escuchar ofertas para ahora sí irse del Barcelona…

“En enero va a estudiar dónde jugar”. La voz en off suena igual a la que anunció que se venía el burofax, el viaje del padre a Europa para negociar y, al final, el cambio de decisión de Messi al no encontrar la puerta de salida. Así, mientras que se creía que su respuesta a la Liga era una señal de que se iba, ese viernes a la tarde le avisó al mundo que se quedaba en Barcelona. Esa vez no se pudo imponer la cláusula de salida sin pagarle a Bartomeu. Ahora, desde el 1 de enero de 2021 –en apenas un mes y medio– el crack argentino puede negociar oficialmente con el City, el PSG o el club de Estados Unidos que quiera. A esta hora sólo parece que pueden detenerlo sus hijos. Leo contó que Thiago, el más grande de los tres varones, se puso a llorar y le pedía que no se fuera. Igual la decisión ya estaba tomada pese al dolor que le provocaba. Su familia lo iba a acompañar en el desafío. Del mismo modo ahora piensa en estudiar alternativas y nadie de su círculo íntimo se la juega por la continuidad. Esa era la línea de pensamiento aún antes de la explosión ante los micrófonos que lo esperaban –sin protocolo– después del triunfo contra Perú.Leo está más cómodo con el nuevo grupo de la selección argentina que en Barcelona (Foto: Reuters)Leo está más cómodo con el nuevo grupo de la selección argentina que en Barcelona (Foto: Reuters)

Messi ya no se la banca callado. Tal vez por la madurez de sus 33 años. O porque se hartó. Ahora, después de casi una hora de papelerío en un circo evitable, disparó: “Estoy cansado de ser siempre el culpable de todo lo que pasa en el club”. Fue a partir de una pregunta que le hizo un periodista de un programa de Madrid que suele llevarle la contra al 10. Aunque no pareció que haya “picado” el capitán de Argentina. Quería decir lo que dijo. El disparador fue una frase de la semana pasada. “La actitud de Messi ha sido deplorable, se lo ha hecho sentir. Siempre he escuchado a Antoine decir que no tenía problemas con Messi, pero nunca al revés. Es el régimen del terror. O estás con él, o estás contra él”, declaró el ex agente de Griezmann en France Football. Ese episodio delata cómo perdió un poco de contención Messi en los medios de Barcelona. En otro momento, se hubiera desestimado o cuestionado la palabra de alguien que ya no está con el jugador. Esta vez hasta duplicaron con otra acusación de un tío de Griezmann, pese a que cuentan que hace años que no se habla con él. Para completar el combo de enojo de Leo, apareció Hacienda. “Después de 15 horas de vuelo, me encuentro ahí a uno de Hacienda haciendo una inspección. Es una locura”, lanzó fuego antes de subirse a la camioneta que manejaba Antonela, su esposa.

En Barcelona no toman como un dato estadístico –y lo bien que hacen– que la última vez que Messi habló fue el 4 de septiembre. Ese día anunció que se quedaba bajo protesta. Animal competitivo como es, sabe que se acaba el tiempo para intentar ganar otra vez la Champions. Ya no le parece imposible salir de su zona de confort. O mejor dicho: Barcelona ya no es su zona de confort. Vio cómo se revitalizó su amigo Luis Suárez en el Atlético de Madrid de Simeone. Aun cuando ése no sea un destino posible para él. No se armó un equipo para competir en las grandes ligas, por más que se confíe en la aparición de Ansu Fati, el chico de 18 años. Leo hace años que pedía a Neymar… Ofertas otra vez no le van a faltar. Volverá a insistir el Kun Agüero, quien le daría la bienvenida desde su lugar de prócer en el Manchester City. Como hizo hace unos meses, Di María le mandará fotos con formaciones del París Saint Germain en el que comparten ataque. Empezará otra vez la rueda de los gigantes de Europa. Porque más allá de su amor por Newell’s –de que hable en rosarino pese a haber vivido más tiempo en España que acá– la opción regreso al desorganizado fútbol argentino no corre. Sabe con la locura que se vive el fútbol acá. Aunque difícilmente haya entendido cómo se juega esta Copa post pandemia, la del sorteo bizarro.

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